De regreso a la mejor azotea de mi Panamá

Hace 11 años fue la última vez que tuve la dicha de estar en la cima del Volcán Barú. En esa oportunidad subí con los amigos Ariel y Dinah, eso si, en la comodidad de un transporte que nos trasladó con nuestros equipajes para poder incluso dormir desde lo más alto de nuestro país, a 3475 msnm.

Sin embargo, el pasado 3 de febrero de 2018, nos organizamos para subirlo nuevamente para poder apreciar el amanecer y si la suerte estaba de nuestro lado ver ambos océanos desde la cima del Volcán. En esta oportunidad, realizamos esta odisea con mi amigo de toda una vida Juan Manuel Núñez y el amigo Manuel Terán (representing Venezuela). Empezamos a subir a las 10:30 p.m. por el lado de Boquete, pero tuvimos contra tiempo con una persona que no pudo subir porque en su primer kilómetro, de los 13 que hay hasta la cima, sintió que no podía hacerlo. En este punto si es importante hacer un llamado a la conciencia, es importante saber cuáles son sus capacidades porque subir el Volcán Barú así sea por Volcán o Boquete exige enormemente unas condiciones físicas y resistencia que lastimosamente este sendero no es para todo el mundo. Desafiar las condiciones físicas propias puede poner en riesgo su vida y el goce de las demás personas que lo acompañan en esta gran aventura. Seamos conscientes por favor. En este caso, nos mermaron varios minutos pero gracias a Dios la persona bajó sin dificultades y segura a su destino. Con este contratiempo señalado, a mi amigo Juan y a mi nos tomó 6 horas 40 minutos en llegar a la grandiosa y esperada azotea y Manuel… bueno Manuel se olvidó que venía con amigos y se nos adelantó nada más y nada menos que 40 minutos, definitivamente es un bárbaro en condiciones, pero al final de la historia es un tema de resistencia y no de competencia y llegamos oportunamente a nuestra meta que era ver el amanecer.

Llegar a la cima me hizo recordar imborrables recuerdos de mi niñez. En mi infancia, lo subí desde los 9 a 12 años en cuatro oportunidades gracias a las giras que mi padre Marco Tulio Guillén realizaba con estudiantes de la UNACHI. En esas ocasiones, recuerdo que de igual manera subíamos por Boquete junto con mis padres y en algunas ocasiones mi hermano Diego que siempre sufrió de presión atmosférica especialmente por el lado de “la nevera”. Mi padre cobraba, si mal no recuerdo 5 dólares lo cual incluía lo siguiente: traslado en Bus David-Boquete, Boquete-David, una camioneta de la cruz roja con sus paramédicos quienes asistían a los rezagados o que se complicaban en la subida y además transportaba los equipajes, almuerzo al regreso del Volcán, chocolatada en la noche que dormíamos y como broche de oro, una misa impartida desde lo más alto, por el inolvidable padre Bernardo Foccini, a quien Dios de seguro lo tiene en su gloria. ¡Como rendía el dinero!

Definitivamente que plasmar estos recuerdos me hacen sentir muy bien ya que pasaron 23 años que no caminaba al tope del Volcán Barú. Obviamente la experiencia es distinta, ahora peso más de 200 libras y llevábamos en peso entre víveres, alimentos y equipo fotográfico entre 10 y 15 libras cargadas. En aquel entonces era un niño que no pesaba 80 libras, ni tampoco llevaba carga. Puedo atribuir esta resistencia a las 52 cascadas previas que visité durante el 2017 que me permitieron adquirir algo de condiciones.

No obstante lo anterior, la odisea fue muy exigente ya que al llegar a la cima y dejarnos sorprender por el amanecer no nos dio tiempo para descansar ya que a las 7:30 am emprendimos el agotador descenso que nos tomó 3 horas y media.

Sin embargo, a pesar de este proceso, más grande y gratificante fue la recompensa de haber gozado un trayecto con una noche despejada llena de estrellas que se despidieron cuando el sol mostró su rostro a las 6:46 a.m. con un panorama 360 grados despejados que nos permitió no solo ver el extremo de nuestro istmo, dejando descubrir la delgada silueta del distrito de Barú, sino además en Océano Pacífico y el Mar Caribe hacia el Océanos Atlántico.

A Dios las gracias por ponernos en esta vida para apreciar estos inolvidables momentos que demuestran su poder y grandeza.

Prepárense y vivan esta experiencia y el que por algún otro motivo no pueda, existen muchos servicios de traslado terrestre para gozar de la mejor vista de la azotea V.I.P. de Panamá, en Volcán Barú.

¡Saludos!

One Comment on “De regreso a la mejor azotea de mi Panamá

  1. Me gusto el mensaje además los recuerdos inolvidables de la subida al Volcán Baru. Lo más hermoso en la cima ver los dos aceanos Pacifico y Atlantico. Una excelente experiencia

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